Belén Bercebal Guerrero
Esta semana ha sucedido. Da igual que la fecha según el calendario sea invernal. O que no tengas aún intención de guardar los jerséis más gordos en el fondo del armario. Incluso tampoco importa que tu ánimo esté al nivel del andén de la línea seis en Cuatro Caminos. Que te mires al espejo y no te reconozcas ni encuentres esa cara que merece todos los selfies de tu cámara. Tampoco influye que tus planes de año nuevo hayan quedado disueltos al cabo de apenas tres semanas porque todo ha salido al revés que en tu planning de la agenda nueva del 22. A todos se nos hace cuesta arriba el final del invierno. Que no, no te esfuerces, todo parece una mierda pero resulta que a la primavera le da igual. Y esta semana han aparecido esas flores que tan boba ponen a tu madre. A los lados de esa carretera gris que recorro cada día en dos direcciones se han asomado blancos y rosas los almendros que hasta esta semana eran invisibles. Y el campo empieza a pintarse con amarillos y verdes. Y cuando eso coincide con tu cumpleaños es por algo. Quizás porque el universo piensa que te mereces un regalo en forma de primavera adelantada. O quizás porque todo llega. Sobre todo la primavera. Siempre. Cada año adorna tu cumple con flores y colores y mañanas tibias que hacen que te apetezca cerrar los ojos mientras inclinas la cabeza hacia el sol, en algún rincón soleado de ese precioso madrid que te sirve de telón de fondo. Cada año es primavera , pero nunca volverás a vivir la primavera de tus 22, así que exprímela a fondo y recuérdala toda tu vida. Yo iré haciendo instantáneas cada año de cada una de tus primaveras. Y las guardaré orgullosa para sacarlas a pasear cuando algún invierno se nos haga largo. Felices 22 Celia. Te quiero la que más.

Belén Bercebal Guerrero
Una mujer mayor, arquitecta y madre que, aunque casi soltera de una numerosa familia, siempre ha tenido en su querido esposo a un padre entregado, a pesar de que su vida como emigrante lo llevó a trabajar en otro continente un año sí y otro también. Esta situación la acompañó desde que, con tres hijos pequeños que cabían en un sombrero, su marido se encontraba lejos.
Con un trabajo algo gris para lo que su título prometía, siempre ha encontrado tiempo en sus ratos libres para escribir. Pocos y cortos, como sus textos. Guarda la ilusión de escribir algún día una novela que llegue a muchos lectores diferentes… Aunque nos cuenta que, sigue siendo solo una ilusión. De momento, comparte aquí una pequeña muestra de su escritura. A su hija Celia, la mayor, le dedica este texto, pues fue ella quien le envió nuestra convocatoria, sabiendo bien cuáles son sus sueños.
