La estrella de seis puntas
Andrea Carrasco Carmona
Te tengo escrito con tinta en cartas sueltas que jamás llegaste a abrir. Te tengo guardado en un pedazo de papel, como si eso valiese más que todos mis recuerdos junto a ti.
Recuerdo como si fuese ayer cuando los nazis invadieron Polonia. Me asusté cuando las tropas nazis entraron en la ciudad. Los hogares se llenaron de hambre y de penuria. Las calles ya no eran calles, eran bulevares de sueños hechos cenizas por los nazis.
Mi familia era judía y los miembros de la SS cerraron el establecimiento de mi padre y pintaron una inmensa estrella de David de color amarilla y negra en la fachada. A mi padre lo deportaron a Auswitch, un campo de trabajos forzados de Polonia. Antes de irse pudo conseguir un documento falso para mi madre y para mí, teníamos que mantener nuestra condición judía en secreto porque si la revelábamos nuestro castigo sería el infierno. Mi padre finalmente no logró sobrevivir a las duras condiciones en las que se encontraba, pero mi madre y yo nos hicimos pasar por cristianas y fuimos ocultas en un convento, con el certificado de bautismo que nos consiguió mi padre.
Antes de la guerra, Varsovia era una ciudad llena de vitalidad, pero durante la invasión se llenó de numerosos ataques y quedó completamente destrozada.
Teníamos 23 años cuando ocurrió la desgracia. Tú eras de una familia judía como la mía. Tenías unos ojos color avellana preciosos, la piel blanca y lisa, estaba profundamente enamorada de ti, me llenaste el alma cada segundo de mi vida, pero la guerra nos separó.
Esa misma mañana, los nazis entraron en tu casa, destrozaron cientos de familias, hogares y vidas. Todo se lo llevaron a su paso. Aquí fuera, la vida humana no sirve para nada.
Nos obligaron a llevar una insignia con una estrella amarilla en la ropa en la que ponía jude, judío en alemán. No nos dejaban ir a la escuela ni al parque… todos esos lugares estaban prohibidos para nosotros, había carteles en los que ponían: “Se prohíben entrar a perros y judíos”.
Fuiste uno de los deportados a los ghettos y jamás pude despedirme de ti, así que siempre tuve la esperanza de que la vida nos volvería a juntar. Te obligaron a vivir en condiciones miserables, te deshumanizaron, a ti y a millones de judíos más. Te escribí cartas en el convento que jamás llegaron a ser leídas, ni siquiera fueron enviadas por el miedo a ser encontrada y por la cobardía de no recibir respuesta. Por eso te escribo ahora, después de la guerra.
Los británicos han establecido un gran campo para refugiados en Bergen Belsen, Alemania, y yo junto a mi madre hemos emigrado hacia allí. Aquí se reúnen cientos de familias rotas, en las caras de los niños aún se puede presenciar el terror y el pánico. Puedo contemplar a decenas de sacos de huesos andantes que hacen filas para conseguir un mendrugo de pan y alguna patata hervida.
Quizás hayas sobrevivido a la marcha de la muerte o quizás estés en una pila de huesos y cenizas en la que jamás podría encontrar tu cuerpo. Sea como sea, mi deber es encontrarte. Miro cada día el periódico para ver si sale tu nombre o tu foto, pero no la encuentro.
Jamás podré olvidarte Jared.

Andrea Carrasco Carmona
Andrea Carrasco Carmona, de 20 años, vive en un pueblo cerca de Barcelona. Desde pequeña, ha sentido la necesidad de dejar su huella en el mundo, haciéndose un hueco y expresándose a través del arte en sus múltiples formas: escribiendo, cantando, bailando y utilizando su cuerpo y manos como medios de expresión.
Andrea ha estado involucrada en el teatro y el baile desde temprana edad, encontrando en estas disciplinas una forma de liberar su creatividad y emociones. Además, disfruta de la paz que le brinda coger un lápiz para dibujar o pasar las tardes pintando, así como escribir en diarios, una práctica que ha mantenido durante años.
Próximamente, Andrea comenzará sus estudios en la carrera de Enfermería, motivada por su deseo de cuidar y sanar a las personas. Sin embargo, su sueño a largo plazo es dedicarse profesionalmente a la interpretación, combinando su pasión por el arte con su vocación de servicio.
