Belén Bercebal Guerrero
Como cualquier madre de esta era digital tengo “cienes”, más bien miles de imágenes de mis hijos. La mayoría de ellas en el móvil, en discos duros, otras muchas en papel, colgadas en las paredes o en marcos sobre los muebles. Este mosaico que cuelgo hoy es solo una pequeña muestra de todas las que tengo guardadas de ti. Mi mini yo. O mi alter ego. Y me gusta mirarlas y remirarlas. De vez en cuando aparece alguna en una carpeta archivada que no recordaba, y te veo con un lazo caído, sobre la cara, o con los ojos tan abiertos que se te salen de la cara, a no ser que estés riéndote; entonces los ojos desaparecen y solo se ven pestañas, como si fueras un dibujo animado. Pero todas esas imágenes que guardo no tienen comparación con una de la que no tengo copia. Una imagen que llevaré conmigo para siempre y que no necesito mirar para describir con pelos y señales.
Yo sentada en un sillón de sky , en una habitación de hospital. Con una luz casi azul de puro fría detrás de nosotras. Porque tú estabas en mis brazos. Con apenas cinco meses. Y un pijama de muñequitos prestado. Al menos en ese hospital tenían la deferencia de no tener iniciales corporativas en la lencería. Eran perritos. Un mono de cuerpo entero que te estaba grande. Porque eras minúscula. Y en ese momento, antes de haber podido hacerte apenas diez fotos mal contadas desde que naciste, previsiualicé todas las que hoy guardo, miro y cuelgo en paredes y redes. Imaginé todo lo que nos esperaba juntas y me negué a pensar ni por un segundo que aquello que imaginaba no llegara a hacerse realidad. Así que me tragué las lágrimas y te apreté tan fuerte que aún recuerdo como te revolviste para zafarte. Dieciocho años después aquella imagen sigue grabada en mi memoria. Aunque ya no me quepas en los brazos, y seas todo un proyecto de ingeniera casi independiente que vive en Madrid. Brindo contigo ( vale, ya con una cerveza) por guardar muchas fotos más tuyas, pero de las de colgar en la pared. Te quiero mas que nadie @claudgarcia19

Belén Bercebal Guerrero
Una mujer mayor, arquitecta y madre que, aunque casi soltera de una numerosa familia, siempre ha tenido en su querido esposo a un padre entregado, a pesar de que su vida como emigrante lo llevó a trabajar en otro continente un año sí y otro también. Esta situación la acompañó desde que, con tres hijos pequeños que cabían en un sombrero, su marido se encontraba lejos.
Con un trabajo algo gris para lo que su título prometía, siempre ha encontrado tiempo en sus ratos libres para escribir. Pocos y cortos, como sus textos. Guarda la ilusión de escribir algún día una novela que llegue a muchos lectores diferentes… Aunque nos cuenta que, sigue siendo solo una ilusión. De momento, comparte aquí una pequeña muestra de su escritura. A su hija Celia, la mayor, le dedica este texto, pues fue ella quien le envió nuestra convocatoria, sabiendo bien cuáles son sus sueños.
